02/06/2010
País cordial
A pesar de lo que crean muchos acerca de los japoneses, los habitantes del país Nipon no son ni cerrados ni reservados. Japón fue uno de los países donde más facilmente encontré un sitio para dormir seguro y tranquilo.

Pude recuperar fuerzas durante la noche al pie de santuarios e incluso dentro de ellos, siendo siempre bienvenido, ya que cuando el guardia del templo me descubría, normalmente me invitaba a dormir a su casa donde además de proporcionarme comida y cama, trataba de entablar amistad conmigo. A menudo la gente piensa que los japoneses son impenetrables y misteriosos, pero ante mi siempre demostraron una gran afabilidad, siempre dispuestos a reir, con un entusiasmo casi infantil y dispuestos a realizar cualquier cosa que se les sugiera: escalar una montaña, hacer un recorrido, practicar un juego. Constantemente me obsequiaban con pequeños o grandes regalos, como recuerdo. El único "inconveniente" en Japón era conversar con la gente. Hablaban generalmente acerca de las cosas de menor importancia al tener no tener la costumbre de expresar sus sentimientos, emociones o hablar de sus problemas. Todavía está muy arraigada la cultura tradicional e indígena. Lo que venía del mundo occidental se impregnad rápidamente del sello japonés. El pueblo japonés era, y creo que sigue siendo, probablamente, el más homogéneo del mundo: entender a uno de ellos era entender a la mayoría.